Papeles mojados

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Publicado en XLSemanal en El Bloc del Cartero de Lorenzo Silva.

Escaparatistas

Papeles mojados. En manos de la Generación Escaparate

Vivimos semanas de calma en el ojo del huracán. Muchos hablan ahora sobre si vimos los suficientes muertos o no. Si vimos la gravedad del asunto en la primera ola de este virus imparable. Nos acercamos peligrosamente a los días más duros de esta crisis sanitaria, y no me pregunto si realmente vimos la gravedad del asunto, sino si acaso importa. Vemos diariamente a los vivos, a los ancianos temerosos yendo a la compra y seguimos disfrutando de nuestras vacaciones, porque nos las merecemos. Somos así.

Me pregunto si no será que hemos alcanzado un nivel, en esta sociedad nuestra, en la que ya nos consideramos por encima del bien y del mal. Nuestro individualismo es aterrador. El mayor peligro al que nos enfrentamos es nuestra cultura narcisista, del escaparate y espectáculo, y ya no como sociedad sino como especie que pretenda perdurar, porque atenta directamente contra la lógica. Y, si perdemos la razón, dime ¿qué nos queda?

El nombre más apropiado para esta generación sería Generación Escaparate, donde lo único que importa es la fachada, tenga o no muebles, o peor, siquiera estructura. Podríamos bautizar también a esta generación como la Generación del Contagio, porque ahí están los números, y no es que nos hayamos relajado, no. Es nuestra manera de vivir. Somos gente que no entiende, ni quiere entender. Porque no ME interesa. Necesito publicar las fotos de mi verano, es algo sagrado. Todavía no he leído a nadie que resuma el latir de esta generación como lo hace Sabina Urraca en este fragmento: “He nacido en el sistema capitalista. Quiero tenerlo todo, verlo todo, vivirlo todo. No puedo perderme nada.”. Así comienza el que es el mejor libro que he leído en estos últimos años, Las Niñas Prodigio. Porque Sabina en ese párrafo retrata a esta sociedad que quiere una cosa y la contraria. Quiere ver los muertos y a la vez no verlos.

Queremos maldecir a la gente que no lleva mascarilla pero sacamos la nariz porque hace mucho calor. Aplaudir a sanitarios, pero al día siguiente de abrir los bares, las terrazas llenas. Necesitamos a Miguel Bosé y las manifestaciones negacionistas, porque el virus también es espectáculo. Esta generación usa de combustible el espectáculo. Porque esta generación no existe si no está publicado en redes sociales. Las redes sociales que se llenaban de mensajes de apoyo a los sanitarios, de quejas contra quienes se saltaban las normas, han ido dando paso a imágenes de playas, de barcos y de veranos idílicos, viajes y reencuentros prematuros. A la vez que siguen, y siguen, subiendo los casos en nuestro país. Miramos al otoño y al invierno esperando el milagro o la hecatombe, yo ya no sé. Un tuit decía “Nadie podía haber sabido cómo hacer las cosas, esta es la primera segunda ola que tenemos”. Pronto las redes volverán a llenarse de proclamas a favor de los que van a volver a jugarse el culo por todos, como han hecho antes, porque son profesionales y es su trabajo. Yo, como soy mala persona, revisaré el historial de las publicaciones y veré a aquellos que estaban en la playa dos semanas antes del mayor pico de casos en España, que lo tenemos encima. Mientras, soy testigo y a la vez actor dentro de una sociedad en la que hemos nacido con el pasaporte de la libertad y hemos extendido esta libertad a algo omnisciente, que está por encima de todo y todos.

La tan manida frase de Sartre, que de tan manida está olvidada, y decía “mi libertad termina donde empieza la de los demás” debería ser pensada, repensada y asimilada por cada miembro o candidato a miembro de una sociedad civilizada. Aunque, si aceptamos eso, tenemos que renunciar a la libertad que a tantos interesa, la libertad de hacer lo que me salga del culo. En esta sociedad nos tienen que multar porque si no, no somos capaces de entender que exhalarle el humo del tabaco en la cara al compañero de acera es algo de mala educación.

Esta generación es así, así vivimos, somos capaces de saber qué tiene que hacer el resto, pero yo haré lo que me dé la gana. Porque tengo la LIBERTAD de hacerlo. Quizá deberíamos hablar de libertades, y no de tener, sino de poder disfrutar momentáneamente, porque además eso iría más acorde con la esencia pasajera de la vida y no de lo que queremos que sea. O quizá esta generación escaparate tan  efímera, nos defina como sociedad y no acerque más que ninguna antes al destino que siempre hemos merecido. Quizá ese sea el chiste y yo todavía no lo he pillado.

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